Si hay racismo, ¿a qué vienen?

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Los haitianos pintan a la República Dominicana como un país racista y xenófobo donde se perpetran “actos de barbarie” contra ellos y donde no prevalece, por lo visto, un Estado de derecho.
Con un cuadro así, ni el infierno de Dante lo supera.
 Lo inexplicable es que, siendo este un “infierno”, se vea cada día a miles de haitianos que se arremolinan en la frontera pujando por entrar sin documentos al país a vivir en medio de los “Ku Klux Klan” dominicanos que persiguen a los extranjeros para lapidarlos o colgarlos en los sitios públicos.
También es inexplicable que siendo la República Dominicana un país que aplica segregación racial o desafección a otras culturas, las parturientas haitianas (tratadas de gratis en los hospitales públicos dominicanos) prefieran dar a luz en esta tierra de salvajes, o permitan que sus hijos reciban docencia (también sin costo) en el país de sus persecutores.
Esta sería, entonces, una xenofobia atípica -la que “existe” en el país-, pues hasta ahora no han sido proscritas las prácticas mágico-religiosas del vudú ni los bailes de ga-gá, ni se han dado casos como los que perpetran Boko Haram, de destrucción de aldeas donde habitan tribus desafectas o de matanzas brutales, tipo las del Estado Islámico.
Sin embargo, para el mundo exterior, y por culpa de la propaganda haitiana, que se nutre de sus corifeos locales,  República Dominicana está siendo proyectada como una nación donde se persigue, con actos de barbarie y crueldad, a los extranjeros, minimizando los esfuerzos que realiza el Estado para regularizar, gratuitamente, a miles de extranjeros, especialmente haitianos, en su estatus migratorio y de residencia o nacionalidad.
Sigue siendo una situación incomprensible que más de un millón de haitianos haya decidido, contra viento y marea, vivir aquí, en este “infierno” del racismo y la xenofobia, y no en su propio país, donde ni los blancos ni los mulatos escapan al desprecio de los demás.  
Editorial del Listin Diario 27/2/2015