Corrupción en Tiempos de Cambio

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Antonio Abréu Rodríguez

En la Plaza de la Bandera se fraguó la esperanza, el país devino en aires de buenas nuevas para la mayoría. Por fin se saldría de la retahíla de escándalos en un partido de gobierno empecinado en dejar el poder. Era el año 2020.

Una razón: la corrupción.
Plantado en el momento que le deparaba la historia, el gran beneficiario sería  el PRM, que recogía los frutos que caían de la tormenta morada, mientras los indignados le despejaban el camino hacia el Palacio Nacional.
Con el nuevo gobierno, una justicia independiente,  entre pulpos y corales, da señales de complacer los anhelos de muchos. Le pisan los talones al expresidente y la cosa parece en serio.
Por otro lado, la versión del  (PRM), vestida de seda como el mono del dicho popular, se ocupa de opacar los escándalos de la administración pasada con su propio team de la corrupción:  La ex ministra, el ex ministro, un par de directores, además de los acosadores sexuales y un interesante etcétera que incluye un diputado preso en USA, acusado de narcotráfico.
Hasta el momento la acción de la justicia independiente y del propio gobierno del cambio, con la corrupción que se incuba en su finca, nos recuerda y obliga a citar a Bernard Mandeville y su Fábula de las Abejas:
«Había una colmena donde no faltaban los bribones, ni los malos médicos, ni los malos abogados, sacerdotes, soldados y los malos ministros. Tenía también una mala reina. Todos los días se cometían fraudes y la justicia llamada a reprimir la corrupción, ella misma estaba corrompida. Todos estaban llenos de vicios… Pero los vicios de los particulares contribuían a la felicidad pública y el bien de esta al bienestar de los particulares. Un día se produjo un cambio y se decidieron por la honradez y la virtud.
El amor se apoderó de los corazones y se eliminaron los excesos y desaparecieron las enfermedades y no se necesitaban más médicos. Se acabaron las disputas y no fue necesario más abogados, ni jueces. Las abejas se volvieron económicas y no gastaron ya nada: no más lujos, ni más cuadro de arte, no más comercio.
La desolación fue general y la conclusión era clara: Dejen, pues, de quejarse: solo los tontos se quejan por hacer de un gran panal, un panal honrado. Fraude, lujo y orgullo deben vivir, si queremos gozar de sus dulces beneficios» (Bernard Mandeville, La Fábula de las Abejas o los vicios privados hacen la prosperidad pública, México 1982, p.21)