Al duelo Mayweather Jr.-Pacquiao le faltan detalles por decidir

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Houston (EEUU) (EFE).- El acuerdo alcanzado por el púgil estadounidense invicto Floyf Mayweather Jr. y el filipino Manny Pacquiao para pelear el próximo 2 de mayo con tres títulos del peso welter en juego, es un primer paso en la dirección de ver la pelea deseada por todos los aficionados.
Pero todavía faltan muchos detalles por concretar y habrá que ver como se desarrollan las conversaciones que todavía mantienen las cadenas de televisión Showtime y HBO, sobre lo que ya está definida la pelea mejor retribuida en la historia del boxeo.
El escenario del combate será el MGM Grand de Las Vegas (Nevada), donde se espera un lleno completo, con la venta de las entradas a las pocas horas que se pongan a la venta.
El récord actualmente es de 20 millones y lo tienen Mayweather Jr. y el mexicano Saúl ‘Canelo’ Álvarez desde que se enfrentaron en septiembre del 2013.
Se considera que esta pelea podría recaudar hasta 40 millones de dólares por la venta de entradas, si como se piensa el precio de la más barata será de 1.000 dólares y la más cara de 5.000, sin contar con el mundo de la reventa.
‘Money’ Mayweather (47-0, 26 KO) finalmente decidió responder positivamente al acuerdo para pelear con ‘Pacman’ Pacquiao (57-5-2, 38 KO), una aceptación que esta vez ya no podía eludir, como ha hecho durante los seis años.
Las intensas de negociaciones que pusieron fin a una espera de siete años tras dos intentos fallidos dieron paso a un acuerdo en el que ambos púgiles se someterán a pruebas antidopaje al estilo olímpico.
Mayweather llevará la mano en las ganancias (60/40) de un aproximado de 300 millones de dólares.
Ambas fueron las dos condiciones principales que Mayweather Jr. puso para aceptar la pelea, que a su vez lo puedo encumbrar por completo a la cima del boxeo o quitarle el legado de “invicto” y mejor del mundo.
El combate no llega en el mejor momento para ninguno de los dos púgiles, pero el peor parado podría ser Mayweather, de 37 años, porque se va a enfrentar a un Pacquiao de 36 recuperado, más centrado en su vida privada, convertido al cristianismo, y alejado de la vida nocturna.
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